jueves, 29 de julio de 2010

Estamos acostadas escuchando el viejo disco que sonó en la radio que ahora está en otro lugar. Hablo realmente de otro lugar. Ya no estamos en libertad. Libertad en sentido figurado y en sentido concreto. Aunque supuestamente, ahora somos más libres que nunca. La radio está abajo del escritorio. Ella ya no la utiliza como antes. Creo que esta desenchufada y el disco suena desde el ordenador. Hablamos sobre un año atrás. Yo no sé si ella siente la misma sensación que yo, como de desolación. Es que el tiempo va y toma consigo muchas cosas y aunque yo quiera mucho y le pida que me deje unas pocas. No me escucha. No me toma atención.
Ella me dice que tengo que dejar de hablar lo mismo. Debería empezar por tratar de convertirme en la niña de película que era antes y la gente se enamoraba de mi.
En libertad no existían fantasmas.
Era una pieza de verdad para dos. Ahora que lo pienso, era como mi casa. El té por las mañanas y la televisión sonando dando las noticias. Tomabamos cerveza y nos contábamos todo por primera vez.

miércoles, 28 de julio de 2010

El maskintape.

Escribí tantas frases en maskin tape que circulan vagamente por mi memoria y también terrenalmente por algunos lugares de esta cuidad y de otras más. En mi cabeza, la imagen de la pared blanca de toda una esquina, cerca del parque Bustamante. Violentos, transgresores nos sentíamos. Rebeldes con nosotros mismos, con nuestros padres, con el mañana. Con el lápiz escribiendo rápidamente y mal hecho. Una por mi vieja. Otra por nosotros. Luego por el mundo. Pequeños desquiciados por vivir esa noche de cervezas en botella, sentados en la esquina de cualquier pasaje. Abriendo con dientes, con uñas, tragando la delicia de la felicidad.
En Concepción había maskin también. En los cuadernos, luego en mi cuaderno.
Nuestras frentes tuvieron mucho maskin. Queríamos tatuarnos, perpetuar nuestros pensamientos y sensaciones para hacerlas únicas e irrepetibles.
Mi mochila negra está en mi pieza. Intento descifrar frases de algunos maskin que están atrás de mi puerta. A la gente que quiero le he regalado algo que dije y luego escribí.
Alguna tontera quinceañera. Un juego de niños. Cuando algunos de nosotros recién asumíamos nuestro deseo por el otro. Cuando yo niña deje de andar de la mano con niños, para andar de la mano de las niñas. Nunca nos preguntamos ni lo discutimos, siquiera hablamos, el porqué nos gustaba hacer ese tipo de cosas y otras cosas también.
Eso era nuestro mundo supongo. Lo del maskin, lo de la cerveza escudo o también la báltica. La marihuana en nuestros bolsos, mochilas, bolsillos, paseando deliberadamente por nuestros ojos que quería registrar todo. Tal vez por eso la afición de nuestra generación a las cámaras fotográficas.
“Muéstrame tu bolso y te diré quien eres” Discos, fotos tipo carnet. Las llaves, la cajetilla de cigarros, la croquera y el lápiz. Los libros. El colegio también, la universidad también. Audífonos. Prestar un audífono como parte de una etapa de crecimiento.
Vomitar, esconderse de los pacos y de nuestros padres, y del teléfono celular.
Escondernos de todo y nada y escribirlo en maskin para luego no entender. Nunca entender.
A ninguno de nosotros nos interesaba realmente entender algo. Nunca nos detuvimos a pensar nada de la vida real, salvo el porqué le pusieron ese nombre a tal disco o porqué la tipa que vende pitos le iba tan bien vendiendo pilas.
Ninguno de nosotros habló de amor. Creo que nos amábamos y deseábamos en completo silencio. Queríamos devorarnos por que existía una atracción que va mucho más allá de la que hoy mueve al resto del mundo para que termine en la cama junto con todo del resto del mundo. Hoy, terminamos siendo parte de esa gente y perdimos lo otro. Todo lo otro. Eso ocurrió cuando pasaron a importarnos ese tipo de cosas. Cosas como gustar de alguien.
Dejamos de escribir errantes en el maskin. No seguimos pegando la palabra Delirante, Delirio, sucia, sucio, punk o la frase “mamá no te preocupes por mi, estoy bien”
Yo aún trato de hacerle al maskin. Trato de hacerle al bolso, a la báltica y a la marihuana.
Miro mi bolso y todo lo que hay dentro, lo detesto. Si alguien encontrará mi bolso por casualidad, jamás se enamoraría de mí. Porque yo tampoco lo haría.
Nunca escribimos amor en ningún lado. Así a mí, me parecía mejor.
Bienvenido a nuestro mundo errante sin amor, sin pecado, sin historia.
Qué extraña raza de la que fuimos parte., me pregunto cuando podremos volver.

martes, 27 de julio de 2010

yo la tengo es mi copiloto. SIEMPRE.

He estado pensando en la pieza y en la radio sonando. En esas canciones que solíamos escuchar sin que aún tuvieran un real sentido, un link directo a mi cabeza que genera una imagen infinita sobre nosotras.
Tengo el disco sonando. Tengo el disco porque me lo lleve una vez. Seguro que ella no lo recuerda, yo tampoco lo recordaría si fuera ella.
La gente dice que el tiempo lo destruye todo. Esa gente es el resto del mundo, menos yo. No es el tiempo el que lo destruye. Somos nosotros mismos.
Ese invierno ella me decía siempre que tenía frío. Yo hablaba de la misma tonta manera que sigo hablando hoy, pero todo ha cambiado y yo tengo que dejar de hablar de la misma forma.
Al final de toda esta historia, vislumbro de verdad una salida.
Sé que sí. Ella aún no lo sabe.
Pronto lo averiguaremos. Quizás más tarde que pronto.

viernes, 2 de julio de 2010

EL PUNK ME VIENE BIEN.

ohhhhhhhhh si muy bien!