martes, 7 de mayo de 2013

Que no te lo creas.
Que pases repasando la secuencia en tu cabeza una y otra vez.
Decir que sientes que vas a morir.
Auto convencerse de que viene el fin del mundo
Leer más de una vez: el saludo, la despedida, la conversación central.
Tomar fotos. Registrar prácticamente todo
y re escribir la historia doscientas veces, trescientas veces, cuatrocientas veces, un millón.
Derechamente publicar que es el fin del mundo.
Tomar precauciones y escribir cartas a quienes quieres, a quienes aprecias un poco.
Sentir fiebre, escalofríos.
Pedir ayuda psicológica
comentar (con un par de cervezas encima) que te has vuelto un poco esquizofrénico. Reír y decirlo en broma. Ir al baño, mirarse y realmente buscar el número de un psicólogo en google.
Bailar algo tonto, moverse un poco extraño.
Tener el pensamiento rumiante toda la noche, toda la mañana, todo el día.
Y que no te lo creas y que te la pases haciendo la secuencia en la cabeza.
Morir un poco. Vivir otro poco más.
Ver tu horóscopo. Rezar.
Auto convencerte de que nada ha sido así, para luego buscar las fotos, leer las conversaciones, mirarte las manos, lavarte la cara, dejar de dar saltos y decir.
ES REAL, ES REAL, ES REAL.
 Para que luego tus amigos te digan “hace más de una semana que te vengo  diciendo que es real. Deja de ver televisión y por favor explícale a tu madre que esas visiones de que te vas a morir, no son verdad”

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